El poder de un buen maestro

Era una luminosa mañana de mayo, me di cuenta después.

Las notas ya estaban publicadas. Miré la lista, mi nota era un 5, ¡¿un cinco?! Imposible. Me había salido un examen perfecto. Convencida de que se trataba de un error, fui a consultar al profesor. Seguro que Pedro (Ruiz Torres) se habría equivocado, siempre iba cargado de papeles, con esa forma de caminar desgarbada. Se le habría traspapelado.

Me dirigí a su despacho. Lo recuerdo como si fuera ahora, aunque han pasado cerca de 40 años. Lo recuerdo porque ese día cambió mi vida.

Poco antes de ‘ese cinco` me había devanado los sesos con un trabajito de investigación que se le antojó mandarnos. Lo hice sobre un congreso pedagógico de finales del XIX. Un trabajo que me llevó largas horas de búsqueda en el archivo, analizando día tras día montones de legajos llenos de polvo (yo, que soy alérgica a los ácaros). Así que, pañuelo en mano, fui recabando datos, tratando de buscar un hilo conductor, alguna respuesta a no sabía qué preguntas. Acabé con más interrogantes que respuestas y realmente insatisfecha del resultado final. ¡Y me puso un 10! Era evidente pues que el 5 había sido un error.

Llegué a su despacho. Me miró, cruzó los brazos y, con esa medio sonrisa irónica suya, me dijo: estás aprobada, tienes un 5. Has vomitado todo lo que yo he contado en clase. Pero, ¿hay una línea tuya? ¿Una idea? ¿Una pregunta? Tú puedes hacerlo mucho mejor.

‘Tú puedes hacerlo mucho mejor’.

Me quedé sin habla. Siempre había hecho lo mismo: reproducir lo aprendido. Y siempre se me había valorado ese esfuerzo. ¿Qué quería este profe progre?

Me fui sin decir una palabra. Me senté en el bordillo de la acera de la facultad,  pensando qué había pasado. Así estuve mucho rato. Recuerdo la luz de mayo y la oscuridad de mi desconcierto.

Por aquel entonces ya sabía que iba a dedicar mi vida a la docencia, como mis abuelos, pero ese día aprendí lo más importante. Aprendí que enseñar es ayudar a sacar lo mejor de cada niño, de cada niña. Enseñar es ayudarles a que se planteen preguntas aunque no tengan todas las respuestas, a que piensen por sí mismos y, sobre todo, a que se convenzan de que pueden hacerlo.

A eso he dedicado mi vida, a decirles a mis alumnos ‘Tú puedes hacerlo mucho mejor’.

Esa mañana luminosa de mayo, dio un vuelco mi vida. Gracias, Pedro. Muchas gracias.

2 comentarios en “El poder de un buen maestro”

  1. Pedro Ruiz Torres

    Pilar, me emociona pensar que te pasó lo mismo que a mí, dos décadas antes, con mi profesora de historia. Entonces era un alumno de ciencias al que la historia le parecía una asignatura fácil. Había que empollar y memorizar fechas, personajes y acontecimientos, lo había hecho muchas veces en el colegio y funcionaba bien. En historia no había problemas, como en química o en matemáticas, eso creía. Mi sorpresa fue tan grande como la tuya cuando en el instituto la profesora de historia contemporánea de España, una de las pocas asignaturas que teníamos en común los estudiantes de ciencias y de letras, calificó mi primer examen con un cinco con una flecha hacia abajo. El tema de examen era el «descubrimiento de América» y yo había puesto con todo lujo de detalles, muchos de ellos sacados de un libro que había consultado por mi cuenta para hacerme el listo, las fechas de los viajes de Colón, los nombres de los navíos y de algunos de los acompañantes, incluso el trayecto de cada uno de esos viajes. ¡Y me pone un cinco con una flecha hacia abajo! La misma pregunta que te hiciste: ¿pero qué quería esta profesora, que por cierto también era muy «progre»? La misma pregunta y la misma respuesta, una respuesta tan interesante como difícil: entender el porqué de lo ocurrido, darse cuenta de que muchas y diversas «causas» lo hicieron posible y con qué consecuencias. Empecé a tenerlo claro. Fíjate si me cambió la vida que no hice una carrera de ciencias, como tenía pensado, y me dediqué a la historia. Todo por una profesora que se llama Pilar Maestro.
    La labor del docente es difícil. No siempre los alumnos entienden que han de aprender a pensar por sí mismos. Te reprochan que han trabajado mucho para preparar el examen, que la nota que les has puesto no se correponde con su esfuerzo, que eres excesivamente duro… La verdad es que con el tiempo te vuelves más comprensivo, pero siempre les digo que la nota del principio es lo de menos, lo que importa es si acaban haciéndose preguntas, si hacen suyo lo que escriben, si proporcionan explicaciones con la información de que disponen, en definitiva si son capaces de pensar por sí mismos. Así que gracias, Pilar, por haber entendido lo que a mí me transmitió otra profesora y por hacer que otros también lo comprendan. Gracias también a Toñi Sánchez Macarro por haberme puesto hoy al corriente de tu escrito
    Un abrazo

    1. Es precioso lo que dices, Pedro. Ojalá todos entendiéramos que esa es nuestra tarea como docentes: enseñar a pensar por sí mismos, aprender a profundizar. Entender los porqués.
      Con tu permiso compartiré tus palabras con otros docentes.
      Y voy a ver si encuentro a Pilar Maestro, ella también fue clave en mi vida. Se emocionará con tus palabras. Sé que se siente muy orgullosa de ti porque has comentado públicamente que te inoculó el amor por la historia.
      Un abrazo enorme,
      Pilar

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