Aprender a elogiar. Palabras que transforman

Imagina esta escena en el aula o en casa: un niño te enseña su trabajo y, sin pensarlo mucho, le decimos: “¡Qué listo eres!”. ¿Qué efecto tiene realmente esta afirmación? ¿Le estamos ayudando a aprender, a superarse, a esforzarse más? Pues podríamos hacerlo mejor.

Elogiar bien es realmente importante, y requiere conocimiento, sensibilidad y práctica. Profesores, madres, padres, abuelas… todos compartimos el reto de acompañar a los niños en su desarrollo. Y una de nuestras herramientas más potentes –aunque a menudo mal usada– son los elogios, la retroalimentación que damos.

Una educación emocionalmente inteligente promueve un lenguaje que alienta sin sobreproteger, que empodera sin generar dependencia y que reconoce sin etiquetar. ¿Cuáles son las claves para elogiar con sentido? ¿Cómo podemos transformar los elogios en herramientas de aprendizaje y crecimiento personal?

¿Te has parado a pensar en qué ocurre cuando se alaba la inteligencia como si fuera un rasgo fijo, casi genético? Cuando premiamos el talento innato y no el proceso, corremos el riesgo de enviar este mensaje: “Si tienes que trabajar duro, entonces no eres realmente inteligente”. Esta idea, aunque popular, limita profundamente el desarrollo del pensamiento y la motivación.

Elogia los procesos que llevan a que el niño se involucre: sus estrategias, su perseverancia, sus progresos. Alaba fundamentalmente el proceso, más que el resultado. Y cuando alabes el resultado, relaciónalo siempre con el camino recorrido.

Fíjate en estas viñetas de Cavin & Hobbes. Puedes leerla en clase y comentarla. Verás que pone de manifiesto que tus logros dependen, en buena medida, de las estrategias que utilizamos para lograr nuestras metas.

Calvin llega un poco enfadado, Susie lo mira extrañada y le pregunta ‘¿Qué te ha pasado? Pues que Hobbes y yo tuvimos un sincero intercambio de ideas…’.

Y pregunta: ‘¿Qué haces? ¿Deberes?’

Y Susie, metida en la tarea, responde: ‘No estaba segura de haber entendido este capítulo, así que revisé mis notas del último capítulo y ahora estoy leyendo esto’.

Cavin, extrañado, contesta: ‘¿Todo ese trabajo?’

La niña responde: ‘Bueno, así ahora lo entiendo’.

En la última viñeta, Cavin, mientras Susie sigue trabajando, se marcha diciendo: ‘¡Bah! Y yo que pensaba que eras inteligente’…

Si haces esta actividad, recuerda que es importante que dejemos hablar a los niños; ya sabes que las ideas previas son persistentes y para modificar una idea previa es necesario que se explicite, que se verbalice. Buena parte de los alumnos, de todas las edades, e incluso muchos adultos pueden pensar que lo que verdaderamente tiene valor es la inteligencia y además consideran que esa capacidad de comprender es innata, nos viene en el ADN, vamos. Así que quizá compartan la afirmación de Calvin: «Si tienes que trabajar, no eres inteligente».

Los estudios de la psicóloga Carol Dweck lo dejan claro: lo que mejor predice el éxito no es el talento en sí, sino la mentalidad de crecimiento. Es decir, creer que podemos mejorar a través del esfuerzo, la estrategia y el aprendizaje de los errores.

Por eso, más que decir “¡Qué inteligente eres!”, podríamos decir:
“He visto que te costó entender ese problema, pero fuiste revisando tus apuntes, probaste varias estrategias y lo resolviste. ¡Eso es compromiso con el aprendizaje!”

Este tipo de retroalimentación refuerza la autonomía, la persistencia y el desarrollo de competencias clave para el aprendizaje a lo largo de la vida. Además, ayuda a desarrollar una percepción personal basada en la capacidad de superar retos, no en cualidades inamovibles.

¿Puede un elogio perjudicar más que ayudar? Aunque parezca paradójico, sí. Como advierte John Hattie, el abuso de los elogios puede generar “yonquis del elogio”: niños y niñas que necesitan constantemente ser validados para sentirse valiosos. ¿Es eso lo que queremos?

Cuando el reconocimiento se vuelve automático, pierde sentido y fuerza. Además, el alumnado puede interiorizar que el objetivo de aprender no es progresar, sino complacer. ¿Qué ocurre entonces cuando no hay aplausos? ¿O al enfrentar tareas difíciles en las que el error es parte inevitable, y deseable, del proceso?

Algunos niños desarrollan una dependencia del elogio que puede llegar a condicionar su comportamiento. Es decir, actúan no por convencimiento interno, sino por la expectativa de una recompensa externa. Esto debilita su autonomía y su motivación intrínseca.

El elogio debe ayudar a fortalecer la resiliencia, no a debilitarla. Para ello, conviene centrarlo en la tarea, el comportamiento, las decisiones tomadas. No en la persona. No en la etiqueta.

“Hoy te vi pararte a reflexionar sobre ese problema en vez de rendirte. Eso es tener valentía y estrategia.” Ese elogio, breve pero significativo, puede ser mucho más poderoso que un “¡Qué bien lo hiciste!” vacío de contenido.

Mira lo que dice Hattie:

«Algunos alumnos se convierten en verdaderos yonquis del elogio, porque les permite reafirmar el concepto que tienen de sí mismos, aparte de su rendimiento y aprendizaje. Buscan la alabanza, aunque no esté relacionada con su aprendizaje. Normalmente, este tipo de alumnos persiguen los comentarios positivos para reafirmar su autoestima y ganar en credibilidad ante sus compañeros. Se arriesgan a no recibirlos cuando se enfrentan a tareas complejas en las que podrían cometer errores» (Hattie y Clarke, 2020)

Se ha extendido la creencia de que elogiar el esfuerzo es mejor que elogiar la capacidad. Y en parte lo es. Pero cuidado: si el esfuerzo no se vincula a resultados o aprendizajes, puede ser contraproducente.

Carol Dweck lo señala con claridad: “Elogiar únicamente el esfuerzo, cuando no hay progresos reales, puede sonar a consuelo vacío. Los estudiantes no son ingenuos; detectan cuándo el halago esconde una baja expectativa.”

Elogiar el esfuerzo sin considerar si ha habido avance, si la estrategia empleada ha sido adecuada, puede dar a entender que no se espera mucho más. Que basta con intentarlo, aunque no se logre mejorar.

Esto puede ser especialmente delicado en el caso de niños con dificultades de aprendizaje. Si solo elogiamos su esfuerzo sin señalar mejoras concretas, podríamos reforzar la idea de que el esfuerzo es su única baza. Y eso, lejos de motivar, puede generar frustración.

Por eso, el enfoque debe ser matizado:
“Has trabajado mucho, pero lo que marcó la diferencia fue que cambiaste de estrategia cuando viste que no funcionaba. Eso demuestra inteligencia y capacidad de adaptación.”

Esa combinación –esfuerzo más estrategia más resultado– es lo que realmente da herramientas para seguir aprendiendo.

4. Adiós a Mr. Wonderful: haz elogios concretos y genuinos

Vivimos en una época donde los mensajes positivos abundan: “Eres genial”, “Eres único”, “Nunca dejes de soñar”. Pero ¿estos elogios generales y descontextualizados ayudan realmente?

Cuando el halago es ambiguo, repetitivo o genérico, pierde eficacia. Peor aún, puede resultar inverosímil o provocar desconfianza. Lo importante no es elogiar mucho, sino elogiar bien. Concretar, vincular, describir lo que se ha hecho bien.

Por eso recuerda asociar siempre los halagos a aspectos concretos relacionados con las conductas o los logros. Ejemplos eficaces:

– “Me gustó cómo ayudaste a tu compañera cuando se cayó en el patio. Fuiste muy atento”
– “Al explicar el ejercicio a otros, lo hiciste con paciencia y claridad. ¡Eso es empatía y amistad!”

– “Muy bien, Hugo! ¡Cuando en el patio se han metido con Dani has ido enseguida a advertir a su profe, has sido muy valiente!

– “¡Qué bien, Mireia, cuando Laia se ha caído te has parado y le has preguntado si estaba bien, ¡eres estupenda!”

– “Perfecto, Eloi, has sabido escuchar lo que el grupo decía para integrar las ideas de todos. ¡Eres muy colaborador! ”.

En resumen: los buenos elogios son observables, específicos, realistas y conectados al comportamiento. Nos permiten reforzar valores, actitudes y aprendizajes significativos.

Los elogios concretos tienen un impacto duradero porque crean anclajes emocionales positivos que refuerzan la identidad. Son más que palabras: son reconocimientos que construyen autoestima y autoconfianza.

Una excelente forma de aplicar lo aprendido es realizar una dinámica de elogios concretos. Solo necesitas hojas en blanco con el nombre de cada alumno en la parte superior. Cada participante escribe de forma anónima un elogio específico a la persona indicada, con esta estructura:

El resultado es transformador. Los niños se sienten vistos, reconocidos, y aprenden a ver lo bueno en los demás. Algunos conservan esos papeles durante años. ¿Qué mejor prueba del poder de un elogio bien dicho?

Esta práctica no solo mejora el clima del aula o del hogar, sino que también enseña habilidades sociales esenciales: empatía, observación, comunicación afectiva.

La educación emocional empieza por el lenguaje. Y pocas herramientas son tan potentes como un elogio bien formulado.

Educar no es solo transmitir conocimientos, sino también moldear actitudes. Saber elogiar de forma efectiva es una herramienta poderosa para construir autoestima, fomentar el aprendizaje autónomo y fortalecer los vínculos afectivos.

No se trata de dejar de elogiar, sino de hacerlo con intención, con claridad, con conciencia. Un buen elogio puede ser una semilla de motivación, una brújula para la conducta, una fuente de conexión afectiva.

La pregunta final no es solo “¿Cómo elogio?”, sino también:
¿Qué mensaje estoy transmitiendo cuando elogio?

Responderla con honestidad y sentido pedagógico marcará la diferencia en el desarrollo de nuestros hijos y estudiantes.

Brummelman, E., Thomaes, S., Nelemans, S. A., Orobio de Castro, B., Overbeek, G., & Bushman, B. J. (2014). Origins of narcissism in children. Proceedings of the National Academy of Sciences, 111 (30), 11341–11345.

Estudio empírico que analiza cómo ciertos tipos de elogio pueden contribuir al desarrollo de actitudes narcisistas en la infancia.

Dweck, C. S. (2006). Mindset: The new psychology of success. Random House. (Traducción: Mindset. La actitud del éxito. Ed. Urano, 2017).

Obra clave que introduce la teoría de las mentalidades (fija vs. crecimiento) y su influencia en el aprendizaje y la motivación.

Dweck, C. S. (2016). What having a ‘growth mindset’ actually means. Harvard Business Review. Disponible https://hbsp.harvard.edu/product/H02LQX-PDF-ENG

Artículo que aclara malentendidos comunes sobre el concepto de mentalidad de crecimiento y ofrece ejemplos prácticos de aplicación.

Hattie, J. (2009). Visible learning: A synthesis of over 800 meta-analyses relating to achievement. Routledge.

Metaanálisis de más de 800 estudios que identifica los factores más influyentes en el aprendizaje escolar. Resalta el impacto del feedback eficaz.

Hattie, J., & Clarke, S. (2020). Visible learning: Feedback. Routledge. (Traducción: Feedback visible para el aprendizaje. Ed. Narcea, 2021).

Explora cómo proporcionar retroalimentación efectiva en el aula para maximizar el aprendizaje. Incluye estrategias prácticas para docentes.

Kamins, M. L., & Dweck, C. S. (1999). Person versus process praise and criticism: Implications for contingent self-worth and coping. Developmental Psychology, 35 (3), 835–847. Disponible en http://people.uncw.edu/hungerforda/Infancy/PDF/Person%20versus%20process%20praise%20and%20criticism.pdf

Investigación clásica que muestra cómo el elogio centrado en el proceso promueve mejor el aprendizaje que el centrado en la persona.

Ruiz Martín, H. (2017). ¿Cómo aprendemos? Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza. Editorial Graó.

Revisión clara y accesible de los principios del aprendizaje desde la neurociencia y la psicología cognitiva, dirigida a docentes y familias.

Ruiz Martín, H. (2021). Aprendiendo a aprender: Cómo desarrollar todo el potencial de tu memoria. Editorial Grijalbo.

Guía práctica para mejorar la metacognición y las habilidades de aprendizaje autónomo, basada en evidencia científica actualizada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *