La incertidumbre, esa nube en tu cabeza 

La vida, en sí misma, es incertidumbre. Todos hemos experimentado ese sentimiento que a veces nos incapacita para actuar.

¿Pasaré el examen? ¿Aprobaré las oposiciones?¿Tendré que ir a juicio? ¿Me será favorable? ¿La biopsia saldrá bien? ¿Qué le habrá pasado a mi hija que no contesta? Y ya no puedes conciliar el sueño, ese pensamiento te persigue a todas horas.

La vida nos pone muchas veces en situaciones en las que hemos de aprender a esperar. Y esa espera puede tener efectos devastadores en nosotros. Me gusta ilustrar este sentimiento de incertidumbre con esa imagen de Ericka Bastias. Los problemas existen. Siempre. Son inherentes a la vida. Pero podemos tratar de analizarlos o dejar que engorde ese monstruo peludo. Y eso puede deteriorar enormemente nuestra salud en el presente. Como dice el psicólogo Roberto Aguado, cuando nuestra mente rumia acontecimientos que pueden ocurrirnos en el futuro, o evoca situaciones de dolor pasadas, las sentimos en el presente. Y todo nuestro ser se ve afectado por ese sentimiento.

Diversos estudios sobre el impacto de las preocupaciones mostraron que el 91.4%  de las cosas que inquietan a personas que manifiestan trastornos por ansiedad nunca ocurren. Y que un alto nivel de falsas preocupaciones, o de preocupaciones sobre algo que todavía no ha ocurrido, predicen un mayor nivel de ansiedad y de dolor.

Pocas cosas producen más ansiedad y estrés que las preocupaciones. Guillermo Fouces, doctor en psicología y coordinador de Psicología Sin Fronteras, dice que sin el estrés, la alerta o la preocupación ante una amenaza no hubiéramos sobrevivido. Es decir, el estrés controlado nos ayuda a estar alerta. Pero se convierte en algo muy negativo cuando nos ‘comemos el tarro’, cuando la preocupación se instala en nuestro cerebro y nos inmoviliza.

Y ahí está precisamente la clave. En actuar.

En 2012, la profesora Kate Sweeny de la Universidad de California, publicó un artículo en el que introdujo el «modelo de navegación de incertidumbre», un marco teórico para comprender los pensamientos, sentimientos y comportamientos que surgen durante estos difíciles períodos de espera. Estudió la espera de estudiantes de derecho ante los resultados de un examen y la espera de  los resultados de una biopsia de mama. En esta investigación se pedía a las personas que sufrían ansiedad que escribieran en un papel todas sus preocupaciones durante un mes y después se les pidió que observaran si se habían hecho realidad o no. ¿Cuál era el objetivo? Convencerles de que esos temores son en la mayoría de las veces fruto de nuestra mente efervescente y esa reflexión mejoraba su salud mental. Sweeny ha continuado con investigaciones complementarias que han puesto de manifiesto que la espera es más difícil al comienzo y al final de ese periodo de expectativa. También ha observado que las personas optimistas presentan, en general, niveles más bajos de ansiedad y menor tendencia rumiar.

¿Cuántas veces has rumiado y has sufrido por problemas que no han ocurrido jamás? ¿Qué te ha provocado? Dolor, tristeza, angustia.

Rosa Montero en su maravilloso libro ‘El peligro de estar cuerda’ cuenta que su traductora al francés, Myriam Chirousse, recordando esa tendencia a preocuparnos por cosas que no han ocurrido le contó:

‘Estaba viendo por internet anuncios de casas y encontré una en la sierra de Madrid una casa pequeña, pero mona, con vistas a las con vistas en la ladera de la sierra, al final de una urbanización justo al final donde empieza el bosque y los caminos de senderismo y en Google Maps veo que hay kilómetros y kilómetros de bosques, de pinos de castaños, con arroyos riachuelos y pequeños embalses me parece un sitio precioso para una vida preciosa y a una hora de Madrid y de ti.  Y de repente…  Pero con esos pinos y estos árboles, ¿qué pasa si hay un incendio?  La casa está en la primera de la urbanización, la más cercana al bosque al fuego… y entonces los pinos de la foto comienzan a arder y mi casa mi casa se llena de humo el apocalipsis el fin del mundo. ¿Qué hacemos? ¡Tenemos que huir! ¡Dios mío! ¿Qué me llevo? Mi casa va a arder, voy a perderlo todo… las llamas se acercan, oigo el crujir de los árboles que se derrumban comidos por el fuego ¡hay que huir! ¿Y los gatos? ¿Dónde están los gatos? No los veo, estarán escondiéndose, no se salvarán… En fin ahí estaba yo, en mi despacho, hipnotizada por un anuncio de la página de Fotocasa mirando un chalé que muchos otros mirarían calculando tasas de interés plazos de hipoteca y yo en vez de eso muriéndome en uno de mis miles de finales del mundo’.

¿Te suena?

Y Rojas Marcos nos recuerda a menudo la importancia de utilizar soliloquios para animarnos, para emitir mensajes tranqulizadores a nuestra mente.

¿Cómo evitar la tensión de las esperas? Varias estrategias pueden ser adecuadas:

  • Mantenernos ocupados en aquello que nos motiva. Eso hará que el tiempo nos pase más rápido y la espera sea algo más sencilla.
  • Ocupar algo de tiempo en juegos que distraigan la atención especialmente si se hacen en grupos.
  • Comunicar. Hablar de lo que nos pasa y sentirnos escuchados.

Esa es quizá la herramienta más importante. Comunicar nuestras preocupaciones y buscar formas de solucionarlas. El simple hecho de verbalizar lo que nos ocurre hace que todo adquiera una dimensión menos dramática, especialmente si lo verbalizamos con profesionales que nos ayuden a poner orden en nuestros pensamientos, a calmar nuestra desazón. Como los profesionales de la orientación que tanto podemos ayudar a nuestro alumnado a afrontar situaciones de incertidumbre.

La forma de afrontarlas tiene mucho que ver con poder prever qué puede ocurrir analizando ‘el problema’ con la mayor objetividad posible.

Imaginemos que un estudiante está muy preocupado por si aprueba o no el acceso a la universidad. Tendremos que analizar qué está haciendo hoy para alcanzar esa meta. También deberá conocer bien cómo son esas pruebas y qué ha de preparar, establecer un plan que le permita llegar en las mejores condiciones. Y pensar siempre en los planes B. Qué ocurrirá en caso de que las cosas no salgan como yo espero.

Hablar, conversar, compartir es hoy más que nunca la clave de todo. Por eso, la escucha activa y la comunicación eficaz son herramientas profesionales imprescindibles.

Referencias

López Madrid, Celeste (2019). Luis Rojas Marcos: “Háblate mucho y con cariño: vivirás más”. Entrevista en La Vanguardia. Disponible en:https://www.lavanguardia.com/vivo/20190404/461451609728/luis-rojas-marcos-entrevista-psiquiatra.html

LaFreniere, Lucas S. y Newman, Michelle (2020). ‘Exposing Worry’s Deceit: Percentage of Untrue Worries in Generalized Anxiety Disorder Treatment’.  Behavior Therapy, Volumen 51, Issue 3, pp. 413-423. Disponible en https://doi.org/10.1016/j.beth.2019.07.003.

Montero, Rosa (2022). El peligro de estar cuerda. Barcelona: Seix Barral.

Rojas Marcos, Luis (2019). Somos lo que hablamos: El poder terapéutico de hablar y hablarnos. Barcelona: Grijalbo.

Sánchez, Nacho (2019). Casi todas las cosas que nos preocupan no ocurrirán jamás. El País Psicología. Disponible en https://elpais.com/elpais/2019/10/11/buenavida/1570783181_341611.html?ssm=TW_CC

Santoro, Helen (2021). The science of uncertainty. American Phycological Association. Vol.52. nº 8. Disponible en https://www.apa.org/monitor/2021/11/lab-science-uncertainty

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